Este 1 de julio, la Congregación Preciosa Sangre Chile celebra su Fiesta Patronal, culminando tres días de triduo en los que hemos contemplado al Señor desde la cruz meditando sus últimas palabras y gestos: la humildad, el perdón y la esperanza.
Hoy, nuestra Congregación eleva su acción de gracias a Dios por los años de historia que la han forjado. La bendición de la Preciosa Sangre de Cristo ha acompañado a nuestras hermanas religiosas en la construcción de una comunidad que quiere vivir, caminar y gozarse en torno a Él desde la cruz.
El Señor en su entrega generosa —en su dolor, en su desesperación y en su soledad— nos invita a vivir la humildad que muestra cómo debe ser la vida del cristiano: bajarnos para lavar los pies de los demás. Nos enseña a vivir el perdón, porque solo así caminaremos libres, desprendidos de todo aquello que nos aleja del Padre. Y nos invita a andar desde la esperanza, esa que nos lleva a dejarnos acompañar por el Señor y que nos llena de gozo en la certeza de un día sentarnos a su mesa compartiendo su Cuerpo y su Sangre.
La vida del cristiano debe ser desde la libertad y el gozo, para dar testimonio de la entrega amorosa del Señor en la cruz. Muchas veces podemos caer en la tentación de mostrarnos casi perfectos ante los demás, de buscar el reconocimiento y el aplauso. Sin embargo, es el mismo Señor quien desde la cruz nos muestra la fragilidad humana, porque Él sufre y sangra como nosotros.
Hoy damos gracias por la comunidad de nuestras hermanas religiosas, por su legado pastoral, por su caminar actual en la evangelización desde el ámbito de la educación y la salud. Creemos con gran gozo que nuestra Madre fundadora, María Magdalena Guerrero Larraín, nos anima desde la Iglesia Celestial para seguir adelante en la construcción del Reino de Dios.
Pedimos con mucha humildad ser siempre una comunidad que camine y dé testimonio en torno al amor y el servicio a la Iglesia. Nos gozamos desde la gratitud por tantas bendiciones recibidas, y por tantos hombres y mujeres que desde la vocación laical nos han acompañado en estos años de historia.
Así, la familia de la Preciosa Sangre —aferrada a la cruz— pide la bendición del Padre para seguir la misión y el sueño de nuestra fundadora, quien, contemplando a Jesús en el sufrimiento, nos invita a reconocerlo en los demás.
Gracias, Señor… por tu Preciosa Sangre.